La brecha de género en patentes es multifactorial y limita la innovación, el liderazgo femenino y el desarrollo económico, pese a avances y medidas institucionales.
La patente representa propiedad, reconocimiento y capacidad de monetizar la innovación.
Cuando las mujeres patentan menos, esto repercute también en la construcción del mercado tecnológico y en la distribución de riqueza derivada del conocimiento.
Partiendo de la base de que la brecha de género en materia de patentes no es solamente un factor para analizar desde una perspectiva estadística o tecnológica, debemos tener en cuenta que se trata sobre todo de un problema estructural de acceso desigual.
A nivel internacional, existe una desigualdad persistente. En Europa, el porcentaje de inventoras sigue siendo claramente inferior al de los hombres.
En España, sin embargo, existe una tendencia favorable dentro del contexto europeo, con un incremento en los últimos en el porcentaje de solicitudes que incluyen al menos una inventora. Con números en la mano, podemos decir que cuatro de cada diez investigadores son mujeres, aunque no necesariamente lideran los proyectos.
Un dato especialmente relevante si tenemos en cuenta que las startups fundadas por mujeres reciben proporcionalmente menos inversión que las de sus homólogos masculinos. Sin financiación suficiente, resulta mucho más complejo transformar el conocimiento científico en productos patentables y competitivos en el mercado.
Cómo abordar esta situación
A nivel formativo, en España aparece una paradoja destacable: las mujeres son mayoría en la universidad, pero siguen infrarrepresentadas en las áreas STEM más tecnológicas y en los espacios de mayor poder científico y económico. Se produce así el denominado fenómeno de la “tubería estrecha”: aunque las mujeres acceden en mayor número a la universidad, su presencia disminuye en determinadas carreras de ciencias y se reduce todavía más en investigación tecnológica privada.
Estos mecanismos estructurales condicionan tanto la elección de determinadas carreras, el progreso profesional y el acceso a espacios de innovación.
Esta situación está siendo paliada mediante políticas que buscan garantizar la permanencia, el liderazgo y el acceso real de las mujeres al ecosistema innovador.
Por otra parte, las oficinas de propiedad industrial están implementando acciones directas para facilitar el acceso de las mujeres al sistema de patentes.
El futuro pasa por avanzar
Reducir esta desigualdad exige mucho más que fomentar las vocaciones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas). Resulta imprescindible garantizar condiciones reales de financiación, liderazgo e igualdad de acceso al ecosistema innovador y al sistema de protección de la innovación.
La innovación no puede permitirse perder talento por razones estructurales o de género. Impulsar una mayor participación femenina en el sistema de patentes no es únicamente una cuestión de igualdad, sino también de competitividad, desarrollo económico y progreso social. Cuanto más diversa sea la innovación, más sólida, creativa y representativa será la tecnología que construya el futuro.